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domingo, 10 de julio de 2011

¿Estás a gusto con tu vida?

Hay  personas que dicen estar a gusto en su vida pero que pierden la credibilidad al mostrar insatisfacción y transmitir desilusión y angustia a la hora de vivir . 


Personas que temen explorar lo desconocido incluso de sí mismos y sus propias posibilidades. 


Personas que se aferran a lo conocido. Nacen, viven y mueren sin modificar a penas los procesos aprendidos ni interpretar sus respuestas emocionales. 


Tienen vidas automáticas, que les libran de los sobresaltos y que a penas se diferencian de las vidas que vivieron sus familias.

Pero la realidad de hoy se impone sobre cualquier paradigma del pasado. Vivimos en la inseguridad y hay pocos inmunes a la incertidumbre que previene sobre un futuro incierto y hostil. Lo que ayer funcionaba, hoy ya es obsoleto, lo que servía para mi trabajo hoy debe renovarse, lo que predecía es impredecible.

Urge preguntarse más para tener más opciones y  poder mejorar aquello que nos limita, cambiar  aquello que nos obstaculiza o encarar aquello que nos atemoriza.

Preguntas poderosas como:
  • ¿Me cuestiono mi vida o a mi mismo?
  • ¿Me gusta el tipo de persona que soy en la actualidad?
  • ¿Tengo clara la teoría pero me faltan herramientas para cambiar?

El poder de cuestionarte a si mismo nos ofrece la posibilidad de empezar a VER más y PENSAR (razonar) menos.

“Hay una gran diferencia entre estar atentos y razonar sobre algo. Al razonar, estamos juzgando, valorando, seleccionando; pero cuando simplemente miro algo, cuando aprendo a dirigir mi atención de una manera sostenida sobre algo, manteniendo esta actitud, es cuando puedo llegar a ver.

Educar la mente para que aprenda a mirar sin razonar, fijar nuestra atención muy clara, muy despierta, muy lúcida, en un acto simple de mirar, porque ahí está la clave más importante para VER más allá, entrar en el mundo interior en ese mundo de posibilidades inmensas que hay en nuestra mente y en nuestro corazón”. (Texto adaptado: Juana María Martínez Camacho)

El proceso parece simple pero puede hacerse complicado debido a la falta de objetividad que nos lleva a dirigir nuestra conducta en muchas ocasiones. Los coaches emocionales, somos expertos en dirigir esa atención imparcial, iluminar para ver debajo de nuestra superficie y obtener el poder necesario para realizar cambios a niveles profundos del ser humano. 


Cambios que pueden llegar a retar y transformar cualquier paradigma que ahora nos mantiene  anclados o insatisfechos en nuestras vidas.







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