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martes, 19 de julio de 2011

LA CULPA, tu peor enemigo

Con los sucesos de nuestra vida, pérdidas, rupturas  o crisis, etc... podemos  llegar a experimentar un sentimiento que nos ocasiona un malestar continuo, y ese sentimiento se llama, CULPABILIDAD.

Cuando nos separamos de una "pareja de toda la vida" una de las partes puede llegar a reflexionar sobre “como yo podía haberlo evitado..”. Pero, lo cierto es que, en aquel momento, no contaba con la solución que ahora se está exigiendo. Esta forma de pensar al culpabilizarse no solo le convierte en víctima, sino que también debilita su autoestima.

Y ¿cuál es la dinámica que nos hace sentir culpables cuando en realidad no lo somos?

La respuesta está en relación con el grado de control que podemos tener sobre los acontecimientos que nos suceden. Si pensamos en el ejemplo: "mi novia me ha abandonado porque se queja de que no le dedico tiempo a la relación", en este caso posiblemente la persona sienta culpa, fundada en el hecho real de que la relación se ha terminado por no dedicarle tiempo a su pareja, por tanto, al sentimiento de tristeza por la pérdida, se le une el sentimiento de culpabilidad fundada, debido a que aún teniendo control sobre la situación no hizo nada para cambiarla.

Sin embargo, en muchas ocasiones las personas experimentan culpabilidad, sin ni siquiera  tener control sobre las circunstancias, por ejemplo: "mi novia se ha separado de mí porque ha conocido a otro hombre", en este caso, la persona sentirá tristeza por el abandono, o la pérdida, pero no tiene porque experimentar sentimientos de culpabilidad ya que la situación entonces no estuvo bajo su control; sin embargo, muchas  personas lo experimentan.

¿Qué utilidad secundaria tiene la culpa para nosotros la culpa?
La culpa es una forma de darle explicación a lo que ha sucedido. Después de esto, puede haber un beneficio secundario que permite no buscar soluciones y quedarnos como estamos.
A través de la culpa, también se llama la atención de los demás consciente o inconscientemente, pudiendo refugiarnos en ellos.


La culpa evita tener que plantear nuevos retos, ya que todo sigue tal cual.
A través de la culpa también se puede manipular a las personas intentando buscar una falsa justificación a nuestros actos.

¿Qué se puede hacer para controlar ese sentimiento de culpabilidad?
Como punto de partido se debe aceptar el suceso como parte de nuestra vida, derivado de nuestros valores y nuestra forma de actuar.

El miedo al “que dirán” los demás, puede primar frente al propio criterio y no nos permite aceptar nuestro verdadero pensamiento por ejemplo, sobre que “una ruptura es algo que puede pasar…”.

Debemos aprender a separar el dolor del sentimiento, de la pérdida de la responsabilidad que uno ha podido tener en lo ocurrido. Gran parte del tiempo que las personas se sienten tristes piensan en por qué están de esa manera, y llegan a darse razones falsas. Es decir, llegan a confundirse con lo ocurrido, intentando explicar su estado de ánimo en función de la información que vaya saliendo a la luz. Al estar "de bajón" la mente nos juega malas pasadas haciéndonos ver todo negativo, sin más.

Y ¿qué hacer cuando el sentimiento de culpabilidad es real?
No nos engañemos, nuestros actos suelen tener consecuencias para los demás. Por ello, cuando algo ha estado relacionado con una decisión de actuar o no actuar, deberíamos reconocer el hecho que hemos cometido y las intenciones verdaderas que nos llevaron a actuar así. Si ha sido una acción malintencionada, tendremos la oportunidad de aprender que no deberíamos volver a llevarla a cabo y sentirnos culpables, pero si nos quedamos solo en el papel de víctima o culpable nos podemos dañar en el tiempo  sin sentido. 


Probemos a salir o a pedir ayuda para salir, ya que el mal hábito, puede quedar enraizado en nuestra forma de actuar más inconsciente.

Agradece el aprendizaje obtenido con tu conducta, aunque fuese nociva, y comienza a crear una nueva actitud, con más información, saliendo reforzado hacia el encuentro con un ¡Mejor Yo!

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