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lunes, 26 de septiembre de 2011

Sufrimiento y adicción bajo control


Yasutani en su libro  “Las 8 creencias budistas”, comenta que “la razón por la que una persona puede cometer suicidio está relacionada con el no poder vivir de la forma que le gustaría”. A primera vista puede parecer una explicación demasiado fría y egoísta para justificar un hecho tan devastador, pero cuando reflexionamos sobre ello, descubrimos que es verdad.


Cuando alguien tiene un sufrimiento intenso, desesperación, dolor o rabia y decide no continuar viviendo, no está aceptando su vida como es en ese momento. Quiere cualquier cosa menos algo como lo que está viviendo y quiere terminarlo. Tampoco está aceptando la posibilidad de cambiar, ni sus circunstancias, ni sus respuestas a las mismas.

Creo que estas observaciones se pueden extender a las dependencias (de sustancias, comida, afectivas, etc.). Toda adicción comienza con un acto intencionado, por lo general, un acto que elegimos debido a que nos lleva lejos de nuestra vida, de la forma que es en ese momento. Me siento vacío e insatisfecho, podría probar a llenar este vacío con otras cosas: ir de compras, comer mucho, jugar compulsivamente, preocuparme desproporcionadamente por alguien, etc. Otro tipo de resorte cuando nos vemos como alguien poco inteligente, poco divertido y no muy interesante, es engañarse optando por cambiar nuestra forma de ser a través de las drogas.

Una enseñanza procedente del budismo es que mucho de nuestro sufrimiento está originado porque nos apegamos permanentemente a cosas que, por naturaleza, son transitorias. Si nos sentimos solos o desesperados nos apegamos a ese sentimiento, como si hubiese sido la tónica en toda nuestra vida. Si no conseguimos entendernos con nuestra familia, nos cerramos en nosotros mismos y alimentamos este sentimiento de incomprensión. Pero ¿por qué no aceptar la situación tal y como es?. Esto ya nos libera y si no podemos enfrentar o modificar una situación infeliz, como mínimo, podríamos buscar otras posibilidades que nos permitieran cambiar nuestra respuesta a las mismas.

Una mente adicta puede tener dificultad en determinar que cosas tiene bajo su control y que cosas no. Pero en realidad, la única cosa que cada uno de nosotros puede controlar es el comportamiento de uno mismo. A primera vista, no podemos controlar nuestros pensamientos, nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos, ni los sentimientos de otros, pero, podemos controlar lo que decimos (a nosotros mismos y a los demás) y lo que hacemos. Ahí reside nuestro poder.

Y si no tenemos ni idea de por donde empezar, podemos aprender. Cualquier cosa con el apoyo de los demás es más fácil de conseguir.

¿Sabes ya que cosas debes afrontar y que cosas debes resistir?

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