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viernes, 24 de febrero de 2012

Delicadeza para ti, y para tu Salud


Leía en el suplemento del periódico sobre "La delicadeza" y como su ausencia puede amargar nuestra visión de la vida, de nosotros mismos y de los demás.

La atención con los demás, la franqueza, la delicadeza, son valores que se reivindican en esta novela francesa que ya lleva más de 500.000 ejemplares vendidos. En el mundo actual donde prima la fría conexión virtual, las prisas y el estrés del “ego”, se expone esta historia llena de ternura, empatía y humanidad.

“La delicadeza” (de David Foenkinos) narra la historia de Nathalie, una joven viuda que se  encierra en casa y en su trabajo. Pero justo cuando sus días transcurren entre la opacidad y la monotonía, la luz se vuelve a encender gracias a Markus, un hombre que la conquista a base de ternura, humor y un punto de torpeza. Se enamora de él, porque la trata con delicadeza.

En estos tiempos en los que a un toque de clic tienes amigos desconocidos al instante, esta historia reivindica el tacto y la cortesia.

El libro nos permite reflexionar sobre nuestras relaciones, las que mantenemos con nosotros mismos y las que tenemos con los demás. “Ser delicado es algo que hacemos de forma natural cuando estamos enamorados, en esos momentos segregamos oxitocina y endorfinas, dos sustancias  que evitan la agresividad y nos ayudan a ver la vida de forma mas positiva”.  (Comenta Albert Figueras, médico y escritor)

Sin embargo las situaciones que transcurren entre ansiedad y velocidad  nos invitan a protegernos mentalmente, poniendo de nuevo barreras para evitar el daño potencial que puede venir de los individuos que nos rodean”.  El cerebro produce otras sustancias que sirven para huír o luchar.

Por eso es importante para la salud pararse cuando todo vaya muy rápido.

¿Y como puedo convertir la delicadeza en un hábito? El Dr. Figueras propone:

-         Activando la producción de oxitocina (la hormona del apego) a base de abrazar, acariciar y besar
-         Volvamos a acariciar el tiempo. La prisa está en nuestra mente y no fuera. Establezcamos prioridades en función de lo importante, no las “urgencias” que suelen ser hijas de la ansiedad.
-         Aprendamos a "ver" a las personas. Saludemos a los porteros, hablemos con los taxistas, o las dependientas de los supermercados.
-         Utilicemos las “neuronas espejo” que hacen que si sonreímos nos sonrían. Así nos devolverán la parte de oxitocina que hemos regalado.
-         Borremos las etiquetas negativas que la sociedad acelerada y agresiva y convulsa  ha colocado sobre la delicadeza.

Sería imprescindible entrenar la empatía y las competencias sociales ya desde el colegio, termina diciendo el Doctor.


Fuente:mujerhoy.com

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