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jueves, 29 de marzo de 2012

¿Te preocupas demasiado?

¡No hay que preocuparse! ¡Absolutamente nada!

Puedes pasar el resto de tu vida preocupado por el futuro pero aunque lo hagas, probablemente llegarás una conclusión: por mucho que lo hagas, no cambiarás nada.

Así de tajante es la advertencia que nos da el Dr. Wayne Dyer en su libro "Tus zonas erróneas".

Querer bien a alguien es preocuparse


Así como nuestra sociedad alienta la culpa, también fomenta la preocupación. Y comienza con parangonar la falacia de la preocupación con el amor. Si quieres a alguien, es el mensaje, debes preocuparte por el. Oirás frases como “ por su puesto que estoy preocupado por ella. Es normal, cuando quieres a alguien” o, “no puedo dejar de preocuparme porque le quiero”.

¿Verdad que es algo que hacemos habitualmente? o nos preocupamos suficientemente por alguien o, sino, es que no le queremos de verdad.

Según el Dr. Dyer, la preocupación es endémica en nuestra cultura. En mi vida hizo mella el hecho de que me transmitiesen una gran preocupación por todos los retos a los que tenía que enfrentarme en la vida y las personas a las que amaba, llegando a perder una increíble cantidad de oportunidades y energía por estar preocupada.

Esta claro, libre de tanta preocupación todo el mundo sería más valiente y feliz. Pregúntate sino:

¿Cuánta energía, ideas, tiempo… crees que derrochas preocuparte por si algo malo te puede pasar, o a tu pareja, hijos...?

¿Cuánto estrés innecesario y ansiedad hay en tu vida a consecuencia de preocuparte por todo tipo de cosas?

¿Qué puede haber debajo de tanta preocupación?

Sea lo que fuere, la preocupación nada tiene que ver con el amor, que debe ser una relación en la que cada persona tiene el derecho a ser y hacer lo que elige, sin condiciones impuestas por la otra persona.

Por otro lado, tampoco tendría sentido preocuparse por cosas sobre las que  no tenemos ningún control.

Wyne nos habla de Harold, un hombre de 47 años que estaba preocupado  porque  le podían despedir de su trabajo, y entonces no podría mantener a su familia. Era un ser compulsivo, comenzó a perder peso, no podía dormir y enfermaba a menudo. Poco a poco durante las sesiones, el hombre llego a ver como igual que  se enfocaba en la preocupación, podía hacerlo también en mostrarse contento. Pero Harold era "un preocupado" de verdad,  y sentía que era su responsabilidad diaria el preocuparse por los desastres que le pudiesen ocurrir. Finalmente le despidieron. Al cabo de tres días, encontró un trabajo nuevo, que  no solo estaba mejor pagado sino que le daba mucha más satisfacción. La búsqueda fue intensa y sin tregua. Toda su preocupación anterior fue inútil. Su familia no se murió de hambre y Harold no se desplomó. Como la mayoría de los cuadros sombríos de nuestra  imaginación, el cambio resultó más beneficioso que terrible. Harold aprendió en carne propia la inutilidad de la preocupación, aprendió lo inútil que le resultaba preocuparse y empezó a adoptar una actitud más despreocupada en su vida.

Preocuparse para no tomar acción

Puede que preocuparse sea la forma conocida, a la que estamos habituados. La otra perspectiva de la preocupación nos lleva a no tener que correr riesgos. Cuando estamos preocupados tenemos la excusa perfecta para permanecer quietos, para mantenernos en esa incómoda "zona de confort".


¿Cómo vas a poder actuar, si estás preocupado con tu problema del momento presente?

Si tienes sobrepeso seguro que comes de más cuando estás preocupado, por lo que tienes una razón estupenda para aferrarte al comportamiento angustioso producido por las preocupaciones. 

Igualmente verás que fumas más en las situaciones difíciles, y puedes usar tu angustia  y preocupación para dejar de fumar. Este mismo sistema de retribución es aplicable a otras zonas como el matrimonio, el dinero, la salud, etc. 

La preocupación te ayuda a evitar el cambio. Es más fácil preocuparse por los dolores que tienes en el pecho que correr el riesgo de saber la verdad y hacer algo para mejorar.

Puede que estés dandole más importancia  a la preocupación que a la acción. Pero, en muchas ocasiones, lo único que estamos logrando con la preocupación es evitar enfrentar ese cambio de tener que vérselas con uno mismo.

¿Como es posible que preocuparse  sea tan malo? ¿Desearías dejar de hacerlo?

Cuando comprendas cual es la ganancia que está detrás de esa actitud, podrás empezar a proyectar  esfuerzos estratégicos que te harán deshacerte de esos "molestos microbios de la preocupación" que se incuban, como nos explica el libro, en estas zonas erróneas.

 En los procesos de coaching trabajamos para desvelar las creencias que limitan tu acción y poder generar nuevas perspectivas que te ayuden a disfrutar y vivir más presente en tu día a día, saliendo de la preocupación.



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