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miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Paciencia, Clave para el Cambio

Durante un proceso de crecimiento y desarrollo espiritual llega el momento en que el aspirante debe enfrentarse con una barrera muy común: la impaciencia. El deseo de obtener resultados rápidos o de alcanzar mayores niveles de comprensión se convierte en una frustración difícil de superar. 

Para muchos, la palabra "paciencia" es una mala palabra y otra virtud muy difícil de desarrollar.

La impaciencia no es más que una resistencia a los cambios. Desde el punto de vista metafísico, la impaciencia es la falta de capacidad para incorporar algo nuevo.

Cuando sembramos una "semilla" en un terreno fértil, lo primero que brota es un pequeño gajo muy tierno y frágil. Con sólo darle un pisotón a la planta, podemos destruirla completamente. Sin embargo, si la cuidamos y la regamos a diario, esa planta crecerá fuerte y firme, y podrá resistir cualquier tormenta en el futuro.

De esta manera, la planta nos dará flores y frutos. Desde el momento en que sembramos la semilla hasta que obtenemos los frutos, existe un tiempo determinado, un proceso necesario e imposible de evitar. 

"Todo en el Universo tiene su tiempo de gestación".

Siguiendo esta analogía, cuando intentamos cambiar algo en nuestro carácter es como si depositáramos una nueva "semilla" en la conciencia. Para ver los frutos futuros, tendremos que cuidar pacientemente aquello que estamos tratando de desarrollar.

La impaciencia también es una fuerte resistencia a incorporar nuevas conductas.Las personas más impacientes pretenden que las cosas les salgan bien desde el principio y esto es prácticamente imposible.

Cuando uno ensaya una nueva conducta, lo más probable es que vuelva más fácilmente a repetir una y otra vez la conducta anterior. Sin embargo, si se sigue ensayando a lo largo del tiempo, finalmente la nueva conducta quedará incorporada a la personalidad.


Manual, Las Claves de Luz

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